Prefiero Omelete

Demasiado energía y esfuerzo es desperdiciado buscando la felicidad. La felicidad es el Santo Grial del mundo moderno. Es la prueba de ácido por la cual toda actividad y compromiso es juzgado. Si algo les “hace felices” es digno, si algo no les hace felices, o les hace infelices eso basta para justificar el abandono de esa actividad o compromiso. ¿El empleo es infeliz? ¿La iglesia es infeliz? ¿El matrimonio es infeliz? ¡Abandónalos! Obviamente a todos nos gusta la felicidad, sin embargo el problema es que la felicidad es temporal; peor aun, la felicidad es extremadamente difícil de conseguir. Justo cuando uno piensa que lo tiene en sus manos, se desparrama de entre los dedos.

La felicidad se puede comparar a Huevos a la Benedictina. Son deliciosos: Siempre y cuando son preparados correctamente–y “correctamente” significa “perfectamente”. No hay lugar para error. Se tiene que usar panecillos ingleses, jamón canadiense, salsa holandesa, y sobre todo, huevos poché. Al perforar el huevo, la yema debe vertirse lentamente y derramarse sobre el jamón y pan como miel en el verano. Cuando todos estos elementos y procesos son ejecutados a la perfección producen una delicia epicúreo incomparable. ¡Pura felicidad! Pero la mayoría de los intentos terminan en fracaso.

Lo que debemos procurar en vez de la felicidad es el contentamiento. El contentamiento no sólo es Bíblico, es infinitamente más alcanzable. El contentamiento es interno, no dependiente sobre muchos intangibles externos. Es sencillo, no complejo; es una respuesta no una ecuación. Puedes ser contento con poco y con mucho; casado o soltero; lleno o hambriento; libre o preso. Una mala mujer, un mal gobierno, una mala experiencia, en fin, nada puede arruinar el contentamiento.

El contentamiento se puede comparar a un omelete. El omelete también es delicioso, pero mucho más fácil de preparar. La receta ni es receta. Cualquier ingrediente en el refrigerador que debe ser verde y lo es, y que no debe ser verde y aun no lo es se puede usar. Pícalo todo y envuelve (o revuelve si la pereza lo exige) en huevos revueltos–revueltos porque son casi imposibles de arruinar. Cúbrelos con queso, salsa, cátsup, crema, o lo que sea… sírvalos sobre un plato… cómelos… y… ¡Puro Contentamiento!

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Una respuesta a Prefiero Omelete

  1. jrespino dice:

    Quiero tener una vida feliz . . . una por la cual estoy agradecido y conciente de que el tiempo fue bien utilizado.
    De este día en adelante, me fijaré en la alegría del rostro del niño, no en el chocolate que dejo en el sillón.
    Me fijaré en mis sabanas limpias, el techo sobre mi cabeza, y el hecho de que tengo suficiente comida. Vere las oportunidades para ayudar y enseñar y estar agradecido por mi vida.

    Tomado de ‘El Momento Perfecto, por Andy Andrews’ http://www.andyandrews.com

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